Mi primer post. El final de una idea, el comienzo de una experiencia… creativa.

Inicio de Gravedad Cero

Así es. El primer post de Gravedad Cero tiene poco de creativo. Pero un 100% de emoción. Y va a ser el único que escriba a modo personal, si me lo permitís.  Para ello, os voy a pedir que mientras lo estáis leyendo, os dejéis transportar por esta música que os recomiendo.

Mi primera vez, el inicio.  Un mundo de ilusiones, recuerdos y eventos por contar bajo el paraguas de este elefante suspendido en el aire. Una parada para reflexionar sobre aquello que me ha hecho llegar hasta aquí y sobre quienes me han ayudado a conseguirlo.

Es fácil echar la vista atrás y recordar las primeras veces en las que por tu cabeza pasa la palabra Emprender’. Sucede de forma  natural. No sabes ni por qué ni cómo, pero sucede. Existen muchos condicionantes externos que te ayudan a vislumbrar la realidad de dejarlo todo y coger tus propias riendas, pero al fin y al cabo, son eso, condicionantes. La verdadera esencia de esa palabra viene de lo más profundo de ti, de tu yo interior, emergiendo con una fuerza descomunal. Las primeras veces lo rumias, te informas y luego ya lo pasas a compartir. “¿Qué se siente?, ¿Es dificil dar los primeros pasos?”  Te atreves a preguntar a aquellos emprendedores cercanos que tienes a tu alrededor y a los que no dejas de admirar.

Y llega el día. El día en que por fin, no te da miedo confesar y admitir que lo vas a hacer. Que te vas a atrever a dar ese paso hacia adelante. Que vas a emprender. “¿Cuáles son las razones para cometer dicha locura?”  Te preguntan los más allegados. A lo que tan sólo puedes responder con un “Pasión por aquello que realmente me mueve por dentro” “Ilusión por vivir de la forma que me apetece”, “Ganas por marcar las pautas de mi propio camino”. Y explotas, sí, ¡pero de alegría!. Has tomado una decisión que marcará el resto de tu vida. Porque se trata de eso, de vivir TU VIDA. Pero es cierto, hasta que no lo experimentas, no sabes a lo que te enfrentas.

Comienza la tan temida travesía por el desierto. ¿Y qué hago yo? Te pasas mañanas, tardes y noches dándole forma a tus ideas. Intuyes tu fin pero no sabes cómo de oscuro está el camino que tienes que tomar. Y aquí comienzas a percibir la bondad y la confianza que guardan las personas. La porción de naturaleza humana que merece la pena conocer y por la que debemos seguir luchando. Emergen esas personas que se sitúan detrás de ti y te hacen unas alas a medida para que comiences a volar. Te aconsejan, hacen de hombro, pañuelo y almohada. Y por si fuera poco, confían en ti. Ponen en tus manos proyectos, cursos, ideas y lo que más apreciamos, su tiempo.

Son cosas que notas. Esa sonrisa que se les pone en la boca al verte apasionado contándoles tu idea y ver que la interiorizan, que la hacen suya. Te dan su ayuda sin esperar nada a cambio… bueno, sí. Que su consejo, su proyecto y su tiempo te hayan servido para dar un nuevo paso más. Amigos, familiares, contactos puntuales, conocidos de las redes sociales… todos forman mi mundo. Y todos, son parte de esta maravillosa ‘G’ elefántica que tanta ilusión soporta en sus lomos.

Y creces. Pero no es fácil decidirse por una forma o por otra. Y comienza tu paseo por la montaña rusa. Subes en minutos, bajas en horas… pero vuelves a subir y así durante meses. Eso sí, sabes la fórmula para acabar siempre en lo más alto. Cuando tienes el fin tan claro, siempre sacas fuerzas de lo más profundo de ti para seguir adelante. Y poco a poco, vas obteniendo resultados. Lo primero, el motor. A quien puedes ofrecer tu pasión, tus ganas y tu conocimiento para que le ayude a resolver su necesidad. Te estrujas los sesos para tratar de hacer realidad ese lema que tanto defiendes. ‘Ir más allá del más de lo mismo’. Y crees que lo tienes, has creado tus servicios diferenciadores. Lo segundo, la dirección. ¿Qué estrategia seguir? ¿Objetivos? ¿Acciones para que te conozcan? ¿Recursos económicos iniciales? Y un largo etcétera de cuestiones que a priori, son aburridas y retrasan ese ansia de empezar pero que, a posteriori, te das cuenta que son sumamente necesarias.

Y en medio de todo esto… te vas haciendo un hueco. Quedas, anulas. LLamas a una puerta, a otra. Quedas con un amigo, conocido o foto de perfil (no me maliterpretéis). Te dejas ver, cuentas, escuchas y te retuerces de dolor y alegría cada vez que ves un nuevo proyecto emprendedor abriendo los ojos y no es el tuyo. Pero creces… y mucho. Aprendes.

LLega el día. Tienes tu nombre, tus acciones de marketing on-line y off-line, tus contactos avisados y tu discurso preparado. Tu proyecto está empaquetado y te encuentras en la línea de salida. Con ganas de comerte el mundo y empezar a hacer aquello que sabes hacer: Generar y llevar a cabo ideas de valor.

Espero encontrarme mucha gente nueva en esta carretera de los negocios. Nuevos lugares que visitar y nuevos clientes por sorprender y emocionar. Pero lo que nunca olvidaré son todas y cada una de las personas que me han ayudado a hacer de mi sueño y mi pasión, el lugar donde espero permanecer el resto de mis días… la Creatividad.

Gracias de corazón.

 

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